El poder del silencio

Creo que para vivir bien (ser felices y estar a gusto con la mayoría de las cosas), debemos ser conscientes de dónde ponemos nuestra atención día tras día. Todo aquello a lo que prestamos atención en el mundo exterior, acabará formando parte de nuestro mundo interior. Dicho esto, nuestros genes cambian constantemente. Sí, nuestro código genético cambia en función de los estímulos externos de nuestro entorno. Literalmente, estamos siendo reprogramados constantemente a nivel celular y genético por lo que nos rodea y lo que reciben nuestros sentidos: las conversaciones que mantenemos, la música que elegimos escuchar, la energía de los lugares a los que vamos, la madurez o inmadurez emocional de las personas con las que nos relacionamos... todo, TODO deja una huella, que más tarde puede convertirse en un hábito, e incluso en una compulsión o adicción.

Así que observa. Sé consciente y siente mucha curiosidad por saber hacia dónde se dirige tu atención.

Donde pones tu atención, fluye tu energía.

Sé que no es fácil, considerando el mundo en el que vivimos, donde todo tira de nuestra atención en todas las direcciones: anuncios en las calles, el ruido de los coches, la ropa en los escaparates, personas ruidosas, feeds de Instagram, productos que “debemos” tener, alimentos que “debemos” comer… y así podríamos seguir con la lista.

Mi amigo Jason Silva me dijo algo que es muy cierto: vivimos en un mundo donde la información es barata y la atención, muy cara.

¿Mi consejo? No te distraigas con el ruido. Recupera tu atención y te enseñaré una meditación sencilla para ello: come en silencio.

Comer en silencio como práctica de meditación

Para ver cómo desarrollamos las partes importantes de nuestra vida, debemos prestar mucha atención a cómo hacemos las cosas pequeñas, como por ejemplo, comer. Lo hacemos todos los días, al menos tres veces al día, así que ¿por qué no empezar a practicar la presencia consciente con ello? ¿Por qué no aprovechar esta oportunidad de comer para refinar nuestra atención respirando profundamente, relajándonos y simplemente disfrutando de la experiencia de comer para estar ahí contigo mismo? ¿Por qué no convertir lo ordinario en extraordinario?

El silencio aporta calma a los sentidos y crea un espacio donde la conciencia y la percepción pueden crecer y expandirse. El silencio funciona como un botón de reinicio para reenfocar nuestra atención. No es necesario ser yogui o maestro zen para meditar. Cualquiera puede hacerlo, basta con que respires profundamente, mantengas tu atención concentrada en una sola cosa y observes tus pensamientos y hacia dónde se dirige tu mente. Comienza a observar tu mundo interior y verás cómo encuentras quietud dentro de ti.

Comer en silencio, solo, frente a tu plato, te permite centrar toda tu atención en una sola cosa: el acto de COMER. La concentración ininterrumpida te permite estar plenamente presente en ese momento, de modo que puedes empezar a observarte a ti mismo, a observar hacia dónde se dirige tu mente. Ese es el primer paso hacia la meditación.

Los beneficios del silencio en la vida cotidiana

Cuando nos encontramos cara a cara con nosotros mismos se produce una expansión interior. Comer en silencio te permite acceder a este vasto espacio interior, haciéndote sentir más cómodo en tu piel y dándote la capacidad de ver las cosas con más claridad. Cuando creas momentos de silencio en tu vida cotidiana, se crea más espacio en tu interior para que puedas expandirte hacia la paz interior, el amor, la luz, y ser capaz de ver con más claridad los colores de tu vida.

Recuerda: el entorno ideal para la atención consciente es el silencio.
Las acciones solo se convierten en hábitos si las practicas, así que ensaya el silencio.

Come solo y en silencio, sin distracciones, al menos una vez a la semana. Empieza a practicar la sencilla acción de reclamar tu atención; de hacerla tuya.

Toma conciencia de las pequeñas cosas. Cuida tu entorno para que tu mundo exterior se vea y se sienta como tú quieres que sea tu mundo interior. Cada pequeña parte, cada momento y cada detalle cuentan.

Mantente elevado, groovy y grounded en Asana Groove, nuestro estudio de Yoga en Madrid.  Consulta nuestro horario aquí para reservar tu practica.

Con cariño, 

Fernanda

Siguiente
Siguiente

Reflexión de fin de año